Ensayos, artículos y una serie de escritos de reflexión y de opinión.

viernes, 10 de agosto de 2012

La política y lo monstruoso: Una diferencia entre el PCP-SL y el MOVADEF




“Cuando salgas a cazar monstruos, ten cuidado de no convertirte en un monstruo.”
(Federico Nietzsche)


En el Perú desde hace muchos años se ha generado una imagen sobre lo monstruoso y que tiene mucho que ver con el ejercicio del poder político. Tal figuración monstruosa ha adquirido un significado, que forma parte de una estructura ideal, que permite la reproducción ideológica de una serie de ideas sobre aquel pasado considerado como “los años del terrorismo”. Los hechos políticos, muchos de ellos funestos y vesánicos, que han acontecido a raíz del choque de dos fuerzas, a saber, entre la subversión y la contrasubversión (1980-1992), no son vistos como tales sino simple y llanamente como hechos de una “violencia pura” o de un “terror omnipresente”. En parte si se repara en la nominación de “violencia política”, con el que muchas veces se le conoce, en función de sus referentes de poder, la homogenización gradual de los hechos políticos ha sido la consecuencia clara de tal apreciación indeterminada. Esa apreciación ideterminada también ha sido acentuada, entre otros motivos, por cierta percepción psicologista que reproduce prejuicios sobre tales hechos políticos.  Por eso aquella imagen monstruosa adquiere un mayor sentido en la indeterminación.

La imagen monstruosa sobre el poder político que se reconoce en el Perú responde al significante “Sendero Luminoso” o simplemente “Sendero”. Escuetamente, las imágenes que muchos recrean sobre “Sendero” no son más que aquellas imágenes sobre “la violencia y el terror”, que muchas veces se reproduce de manera tendenciosa para lograr un único objetivo: el miedo [Véase por ejemplo la imagen que acompaña al texto (*)]. El miedo es indiscutible. Pero aquel significante, ya arraigado en el imaginario, sobre todo oficial, muchas veces, por no decir siempre, obnubila los hechos del pasado de la subversión en el Perú. Más aún si se considera las consecuencias de una serie de adjetivaciones que se le ha endilgado peyorativamente a “Sendero”, así como los discursos ideológicos que pretenden “combatirlo”, en el fondo no han hecho más que convertirlo en un mero fantasma. Fantasma que imposibilita el entendimiento, ya que se encuentra cargada de muchos prejuicios, acerca lo que ha ocurrido en aquellos años de la “insurgencia armada”. Lejos de caer en juicios oficiosos (que frecuentemente reproducen aquellos que “nunca quedan mal con nadie”), o en prejuicios infundados, y para no generar confusión se debe tomar en cuenta los estudios serios de aquellos que han estudiado el tema de manera honesta, como por ejemplo el periodista Gustavo Gorriti, quien anota sobre su libro, Sendero. Historia de una guerra milenaria en el Perú, lo siguiente: “Es un libro terminado en su relato detallado y profundo de las etapas iniciales de un movimiento revolucionario que ataca a una democracia incipiente” [Las cursivas son mías]. Aunque claro está, el relato oscila sólo entre los años 1980 y 1983: Los inicios del hecho político. El juicio de Gorriti a muchos, que gustan de levantar el fantasma de “Sendero” para expresar en muchos casos miedos y traumas particulares, les debe causar  incomodidad. Al respecto el mismo Gorriti anota:

“Hoy, como antes, los exorcismos apresurados y las histerias ocasionales, sirven de muy poco. Nada reemplaza el conocimiento para entender y eventualmente controlar lo aparentemente irracional”.

Dar cuenta de la racionalidad de aquellos hechos “aparentemente irracionales” ha sido pretensión de la antropología. Desde luego una cara pretensión. El antropólogo Carlos Iván Degregori consideraba, e insistía,  que a “Sendero” hay que reconocerlo como lo que era, a saber, un partido político. En las siglas que ya ha hecho conocida la CVR, bajo la imagen de “Sendero” se encuentra el Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso (PCP-SL). Asimismo el reputado antropólogo consideraba que hay que tomar en cuenta cinco puntos muy importantes: (1) “Politizar” al PCP-SL porque sólo así se puede reconocer su genealogía política y sus objetivos políticos definidos. (2)  “Peruanizar” al PCP-SL porque forma parte de nuestra historia como país y a mi juicio (un detalle que no anotó el profesor Degregori, pero que es tácito) de una misma “estructura cultural” que expresa cómo se encuentra estructurada la sociedad peruana en su conjunto. (3) “Desindianizar” al PCP-SL porque tal fenómeno no tenía ribetes de indigenismo, milenarismo, ni mucho menos era un movimiento mesiánico (como muchos ligeramente fustigan), sino “marxista, stalinista, maoísta; que era, a su manera, moderno pero autoritario o totalitario”. (4) “Desproletarizar” al PCP-SL porque su núcleo partidario  estuvo compuesto “por profesores y jóvenes universitarios y secundarios, es decir, intelectuales. Un determinado tipo de intelectuales (…)". (5) Diferenciar al PCP-SL del resto de la izquierda latinoamericana en cuanto a procesos de insurgencia armada se refiere. Tales puntos pueden ser discutibles y observados, pero merecería otro espacio más extenso el abordarlos. Tan sólo los anoto para que uno se haga una idea de cuan distante se encuentra aquella imagen de “Sendero”, enfatizado siempre como lo monstruoso, del PCP-SL en el imaginario de muchos peruanos que reproducen althusserianamente los “aparatos ideológicos del Estado”.

Una vez reconocido, o por lo menos hipotéticamente hablando, que no es lo mismo “Sendero” y el PCP-SL, se puede observar una identificación que reproduce enfáticamente la prensa a través de sus reputados “politólogos” y “periodistas”, a saber, identificar a “sendero” con el Movimiento por Amnistía y Derechos Fundamentales (MOVADEF).  Identificación que resulta siendo incuestionable, si de aparentar ser “demócrata” se trata claro está. Aunque claro la imagen de “Sendero” como fantasma no sólo tiene una significación sobre un gran miedo (el terror), sino también alude a la censura, que ha sido y es utilizada políticamente para no encarar los problemas actuales y urgentes de la política en el país, a saber, el cuestionamiento al modelo económico a través de los conflictos entre la gran minería y las comunidades campesinas, así como el problema de la educación pública y la inseguridad ciudadana, entre otros temas. Una tentativa respuesta sería reconocer que es fácil,  y hasta catárticamente obsceno y placentero, “terruquear” e identificar sólo “terrorismo” con “Sendero” para deslegitimar al “otro”, que es considerado siempre como una amenaza; mientras que se silencia, y en muchos casos se consiente, al “terrorismo de Estado” que ejerció la contrasubversión. Como actualmente la amenaza política es la organización y la movilización del movimiento popular por eso no es  nada casual que se hable tendenciosamente, para seguir con lo “políticamente correcto”, de “infiltrados”, puntualmente de infiltrados que pertenecerían al MOVADEF. Pero el detalle no es que pertenezcan o no al MOVADEF, sino en identificar al MOVADEF con “Sendero”: esa imagen monstruosa que les permite a muchos hacer una catarsis pública y hasta incluso defenderse de aquel "fantasma" con exorcismos prosaicos.

Antes de hacer la diferencia entre el PCP-SL y el MOVADEF se debe partir por reconocer y tomar en consideración  tres puntos necesarios: (1) No es lo mismo hacer referencia a las instituciones sociales o políticas que a los hechos sociales o los hechos políticos; (2) todo hecho social se encuentra sujeto a una determinación histórica que hace posible su relación con las demás instituciones sociales y (3) toda  producción discursiva (así sea política) se encuentra sujeta a una práctica determinada que le da su significación.

El PCP-SL surge en condiciones históricas distintas a las del MOVADEF eso es indiscutible. El PCP-SL surge de los conflictos y divisiones en el interior del campo político de la izquierda peruana que reivindicaba la lucha armada y la organización popular para generar una revolución social (Puede haber discrepancia al respecto, pero aquella orientación no está en discusión porque son hechos del pasado. Por ello discutir si cumplieron o no, esta demás porque no viene al caso). Además, la estructura del PCP-SL fue la de un partido de cuadros militarizados. El MOVADEF, por el contrario, surge a raíz de una facción del PCP-SL llamada los “Acuerdistas” (quienes siguen los “acuerdos de paz” firmados tras su derrota militar y política) y que actualmente no es nada subversiva, a menos que por subversión se entienda el pedir la Amnistía General, amnistía que a su vez es una facultad exclusiva del poder legislativo congruente a la democracia. Asimismo, la lucha que enfatiza el MOVADEF no es por la revolución social, sino por la conquista de los derechos fundamentales (igualmente puede haber discrepancia al respecto, y sobre todo sospechas, pero las sospechas son solo eso, sospechas. Por ello discutir sobre sospechas azuzadas más por el temor que por el raciocinio no viene al caso). A su vez, si uno observa la estructura y organización del MOVADEF, que pretende ser partidaria, evidencia la pretensión de ser un partido de masas y no de cuadros militarizados (como lo fue el PCP-SL). ¿Será un partido de masas? no lo sé. Auque es muy difícil ya que le han negado su inscripción partidaria. Por ello sus prácticas políticas se encuentran circunscritas a la reproducción de un movimiento político.  

Actualmente es evidente que los hechos políticos en el país no se desenvuelven en función de un contexto subversivo, la guerra (o conflicto armado como se quiera llamar, aunque lo cierto y empírico es que hubo muchos deudos y pérdidas humanas irreparables) ha terminado. Por el contrario los hechos internacionales apuntan al nacimiento de una democracia participativa en el que los partidos políticos se supeditan a los movimientos sociales. Y el camino electoral se ha convertido en uno de los instrumentos de la lucha popular a nivel continental. El contexto es distinto tanto nacional como continental. Hipotéticamente el contexto político nacional imposibilita la militarización de cualquier partido político, porque no sólo tendría que cargar con los pasivos que dejaron las guerrillas (el PCP-SL y el MRTA) en los 80, sino porque se vería frenado por el movimiento popular que de manera independiente se ha organizado y viene organizándose como parte de un proceso de democratización mayor, con todas las limitaciones del caso, a lo largo de los años de manera significativa y práctica.

La subversión en el Perú surge en un contexto histórico específico, tanto en lo referente a la política nacional, así como a la política internacional. Es decir, ya no estamos en el mismo contexto internacional de la guerra fría (a pesar de que existe aún un discurso tendencioso que algunos sujetos políticos reproducen, sean estos de derecha así como de izquierda, esa polaridad policiaca ya no tiene sentido), la lucha contra el capital ya no pasa por la hegemonía de los partidos, como lo fue en el siglo XX, sino en la presencia y lucha por la hegemonía de los movimientos sociales. La toma del poder a través de la violencia revolucionaria alcanzó todos sus límites inimaginables a los que pudo llegar y generó consecuencias funestas a raíz de su enfrentamiento con la contrainsurgencia (el "terrorismo de Estado") durante el siglo XX. Actualmente la política que pretende ser emancipativa se ejerce por el derrotero de la democracia participativa, nuevos liderazgos y nuevas agendas se han abierto y eso ha cambiado el escenario no sólo internacional, sino nacional, en la medida que la sociedad peruana ya no se caracteriza por la subversión, sino por ser una sociedad post-conflicto. Para decirlo de manera sencilla, ya se acabó “la guerra interna”, vivimos en tiempos de post-guerra, que desde luego sigue generando zozobra, pero esa zozobra ya no tiene sus raíces en la subversión y la contrasubversión, sino en el neoliberalismo que se ha impuesto en el Perú, con la dictadura de Fujimori, que azuza todos los miedos y traumas no sólo del “shock económico”, sino también del “shock político”. Por ello es necesario dejar de tener miedo para acabar con ese gran fantasma recreado en el pasado llamado “Sendero” y que como todo fantasma es inexistente.   

La producción del discurso político al encontrarse sujeta a una práctica determinada su sentido se modifica en función de ella. Eso es lo que ha ocurrido con el llamado  “Pensamiento Gonzalo”, asociado anteriormente al fantasma de “Sendero” a partir de las acciones violentas como si fueran actos puros y que en el fondo han sido generadas, políticamente hablando, por el choque entre la subversión y la contrasubversión, más no así como una simple emanación de su estructuración ideológica. Actualmente el Pensamiento Gonzalo se ha modificado, el “acuerdo de paz” y la apelación al “camino electoral” son síntomas que contraponen las prácticas políticas del MOVADEF a la estructura discursiva del PCP-SL tal como se reproducía durante el siglo XX. Una tentativa de explicación es la siguiente: el Pensamiento Gonzalo es una ideología política y como toda ideología política cambia en función de la práctica de los sujetos políticos que participan de un nuevo contexto político. Claros ejemplos al respecto son el aprismo en el Perú y los discursos del marxismo en todo el mundo, así como todos los demás “ismos” que comprenden las ideologías políticas. Más aún se debe reconocer que si bien el MOVADEF, como movimiento, reclama y defiende el Pensamiento Gonzalo, sus miembros en sentido estricto no son miembros del PCP-SL (partido inexistente a raíz de su derrota política y militar), ni mucho menos es su “fachada”, como muchos suelen observar partiendo desde una alarmante y simplista doxa, entre otras razones, porque la ideología política por si misma no tiene sentido, si no es en función de una determinada práctica política. Aunque claro el sentido de la “fachada” cobra significación si se sigue pensando al PCP-SL a partir de su imagen monstruosa como “Sendero”.  

Por ello hay que partir de lo que hay y lo que hay es un movimiento político (la discusión sobre su legitimidad, o no, y sobre sus “lineamientos programáticos”, merece otro espacio a ser discutido y que no es la finalidad del presente escrito) y todo movimiento político comprende la participación e interrelación de sus miembros en un determinado campo político, en este caso en el campo popular. Precisamente en el campo popular se les conoce, políticamente hablando, como “gonzalistas” (porque son seguidores del Pensamiento Gonzalo) que pretenden participar de la democracia representativa, más no así de ser autores de hechos subversivos, ya que ninguno de sus miembros actualmente ha subvertido el orden establecido y ni siquiera han cometido delito alguno. Además ya se ha iniciado una crítica al "gonzalismo", como ideología política, a través de artículos y libros, como por ejemplo el de Eduardo Ibarra. Por otro lado, los miembros que han militado en el PCP-SL y que han formado el MOVADEF ya cumplieron condena por lo que hicieron de acuerdo a las leyes. Desconocer ese detalle no sólo es desconocer la democracia, sino desconocer el presente político y social del país. Y lo que es más grave aún, si aún se insiste en aquella identificación manida se sigue alimentando y reproduciendo aquella burda imagen monstruosa de “Sendero”, que simple y llanamente genera miedo: un gran miedo reactivo.

Esa “imagen monstruosa”, que si en el pasado obnubiló la política nacional, en el presente impide entender los hechos del poder político tal como acaece en la política nacional: He ahí el desafío político e intelectual del Perú contemporáneo. 





Juan Archi Orihuela
Viernes, 10 de agosto de 2012. 


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(*) La imagen que acompaña al texto ha sido tomada de aquí:
 http://museocaricaturas.blogspot.com/2012/04/caricatura-de-abimael-guzman.html

Referencia Bibliográfica

DEGREGORI, Carlos Iván
2011    Qué difícil es ser Dios. El Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso y el conflicto armado interno en el Perú: 1980-1999. IEP, Lima. 

GORRITI, Gustavo
2008    Sendero. Historia de la guerra milenaria en el Perú [Tercera Edición]. Planeta, Lima.  

IBARRA, Eduardo
2010    El pez fuera del agua. Crítica al ultraizquierdismo gonzaliano. Juan Gutemberg, Lima.