Ensayos, artículos y una serie de escritos de reflexión y de opinión.
Correo del blog: lomaterialyloideal@hotmail.com

miércoles, 5 de agosto de 2015

El socialismo científico en afiches

                                                                                “¡Nacimos para convertir los sueños en realidad!”
                                                                                                                                    (Afiche soviético)

Tras mucho esfuerzo ideológico y político, los liberales han logrado identificar al socialismo del siglo XX con ideas que se han vuelto lugares comunes y que circulan como monedas corrientes como el estatismo, el autoritarismo y el totalitarismo. Incluso ciertos liberales, cual narcisos jactanciosos por verse siempre la cara, no reparan en distinciones, ni matices, ni contextualizaciones, simplemente para ellos el socialismo es una mera ideología funesta que pretende volver al pasado.  

¿Pero cuál pasado? Si el socialismo siempre ha sido una pretensión sobre el futuro. Tal intención se la puede encontrar tanto en el socialismo utópico (Owen, Babeuf, Fourier, Considerant, Blanc, Cabet) así como en el socialismo científico (Marx & Engels). Pensar en la posibilidad de la transformación del mundo en función de la justicia social siempre ha caracterizado y animado a los socialistas. Empero, sólo el socialismo científico ha postulado y defendido ideas como la posibilidad material de abolir la propiedad privada y la desaparición gradual de las clases sociales para acabar con la explotación del hombre por el hombre. Tales pretensiones no tienen nada que ver con el pasado, ni mucho menos con el presente (de explotación laboral para la gran mayoría de los trabajadores de todo tipo), sino con el futuro.

En su vertiente más vulgar, ciertos liberales, o simplemente derechistas, tienden a identificar al socialismo con la pobreza y la carestía cristiana o con la apuesta por una “vida bucólica” precapitalista; incluso son tentados a reproducir y enfatizar, sin saber en realidad de qué va el asunto, que el socialismo es un discurso mítico que le tiene un “horror a la historia” (Mircea Eliade). Las exégesis culturalistas por encontrar en el socialismo una vertiente judaica y milenarista no pasan de ser simples referencias sobredimensionadas de manera tendenciosa, pero no sobre los hechos políticos y culturales que comprenden al socialismo, sino sobre los propios temores de esos exégetas que insistentemente denostan al socialismo. 

El socialismo es una ideología política propia del mundo moderno. La posibilidad de transformar revolucionariamente el mundo fue una consecuencia del avance y del desarrollo de la ciencia. La conquista del mundo de la naturaleza, implicaba la transformación de la sociedad en su conjunto. Por eso el socialismo nace como la posibilidad real de transformar revolucionariamente el mundo a partir de su base material, a saber, el trabajo. El cuestionamiento a las condiciones materiales del trabajo fue el acicate para la crítica filosófica que pergeñó el socialismo. Ideas como “la planificación y la distribución de la riqueza que produce el trabajo humano”, fueron parte de los programas socialistas, asimilados no sólo por ser una exigencia política y coyuntural, sino por ser una exigencia moral y universal. Esa universalidad moral, que en fondo es práctica, generó la exigencia de una organización política para una clase, a saber, la clase obrera. Tal clase dio origen al pujante movimiento obrero internacional. La práctica política del movimiento obrero fue necesaria y eminentemente  clasista, en la medida que pretendió el poder del Estado (“Trabajadores al poder”). Históricamente el socialismo fue la expresión ideológica de la clase obrera, tras una larga tensión con el anarquismo.  

A lo largo del siglo XX, mediante el socialismo científico se logró construir el primer Estado dirigido por la clase obrera en alianza con el campesinado, a saber, el Estado Soviético. La construcción del socialismo fue políticamente planificada y aislada económicamente por el mundo capitalista. Tras los años y el avance pujante del socialismo se conformó un bloque socialista. El bloque socialista se caracterizó por su apuesta hacía el futuro: La conquista del Cosmos a través de la ciencia.  Precisamente a través de la conquista del cosmos se puede identificar algunas de las ideas-fuerza que caracterizan al socialismo científico y que permiten demarcarlo tajantemente de las ideas del socialismo utópico y del liberalismo. 

A continuación véase algunos afiches de los tantos que uno puede encontrar en la web. 

Afiche 1: “¡Nacimos para convertir los sueños en realidad!”. El autor es un tal Viktorov, elaborado el 09 de mayo de 1960. En este afiche se lee una de las consignas más contundentes del socialismo soviético. En el afiche aparece una nave espacial soviética, en cuya base el símbolo distintivo de las clases trabajadoras la sostiene, a saber, la hoz del campesino y el martillo del obrero. La intención es clara, el producto del trabajo de las clases trabajadoras se alza hacia los confines del cosmos convirtiendo en realidad los sueños de la humanidad. Esos sueños que caracterizó a los albores de las antiguas civilizaciones, el saber qué hay más allá de los cielos y las estrellas. Con el socialismo, ya no son los antiguos astrónomos vinculados a la élite del poder que descubren y guardan esos secretos al mirar a los cielos, sino que ahora es el esfuerzo de los trabajadores, de esos millones de hombres y mujeres que trabajan en el campo y en la ciudad quienes hacen posible recorrer y conocer el cosmos.  

Traducción de la leyenda:
¡Nacimos para convertir los sueños en realidad!


Afiche 2: “¡Hacia el cosmos!”. En el afiche se ve a un obrero dando un gran salto hacia el espacio. El mensaje es contundente, con el socialismo la clase obrera es la que conquista el espacio, a saber, son los trabajadores. En el socialismo la figura imponente del obrero se realza en la medida que es él su artífice y su protagonista. Con el socialismo la hazaña de la humanidad tiene rostro de un trabajador acerado por el duro trabajo. 

Traducción de la leyenda:
¡Hacia el cosmos!

Afiche 3: “¡Hacia el sol! ¡Hacia las estrellas!”. Al igual que el anterior se ve a un obrero, pero esta vez es él quien lanza los cohetes que van a recorrer el espacio. Con el socialismo la figura del obrero se representa a partir de su papel protagónico, a saber, es él quien está detrás de la conquista del espacio. En el socialismo el protagonismo de tal gran hazaña se encuentra en las manos de los trabajadores.

Traducción de la leyenda:
¡Hacia el sol! ¡Hacia las estrellas!

Afiche 4: “¡De modelos de estudiantes a modelos de naves espaciales!”. El afiche muestra el papel que cumple la importancia y la enseñanza de la ciencia en el desarrollo de la conquista del espacio. Con el socialismo no solo la educación resulta siendo un derecho universal para el pueblo trabajador, porque es el Estado dirigido por los trabajadores quienes sostienen una educación pública  para sus hijos, sino porque se trazan objetivos claros en función del desarrollo de la ciencia. En el socialismo, la ciencia forma al niño para ser un hombre. Con el socialismo el conocimiento científico deja de ser un conocimiento de élites o de quienes solo pueden costearlo para ser un bien de la humanidad mediante su divulgación y su enseñanza universal.

Traducción de la leyenda:
¡De modelos de estudiantes a modelos de naves espaciales!

Afiche 5: “¡Acelerar el progreso y la técnica es una exigencia!”. El afiche muestra el fundamento del socialismo en la ciencia y la tecnología. El progreso tiene bases materiales. La ciencia asegura la transformación de la sociedad en función de aplicación técnica en la vida de la nueva sociedad que se lanzó a la conquista del espacio. En el socialismo la actividad intelectual es planificada y desarrollada en función del bien de la nueva sociedad y de la humanidad.

Traducción de la leyenda:
¡Acelerar el progreso y la técnica es una exigencia! 

Afiche 6: Sin título. En estos afiches se ve a dos de los protagonistas de la conquista del espacio durante el socialismo soviético, a saber, Yuri Gagarin y Valentina Tereshkova, quienes fueron el primer hombre y la primera mujer en el espacio. El mensaje es claro, en el socialismo la igualdad social entre el hombre y la mujer no sólo es parte de un mero discurso sino que se hace realidad. Las nuevas condiciones materiales y la nueva política educativa permiten una nueva educación y formación en igualdad de condiciones entre el hombre y la mujer. Incluso se estimula la formación científica de la mujer para que junto al hombre logre las mismas hazañas en función del desarrollo de la ciencia y en bien de la humanidad.

Carteles de homenaje a los cosmonautas pioneros Yuri Gagarin y Valentina Tereshkova
Primer hombre y primera mujer en el espacio. 

Afiche 7: “¡Abriremos mundo lejanos!”. En el afiche se muestra a una pareja que representa a la nueva humanidad que mira hacia el espacio expresando una gran confianza en el futuro de la era espacial. Mediante el socialismo se construye el futuro de la humanidad de cara al desafío del descubrimiento del espacio. En el socialismo los trabajadores confían en lo que pueden hacer mediante su trabajo. Trabajo que posibilita el desarrollo de la ciencia y la posibilidad de conocer otros mundos. 

Traducción de la leyenda:
¡Abriremos mundos lejanos!





Juan Archi Orihuela
Lima, 05 de agosto del 2015. 



domingo, 31 de mayo de 2015

Bajo las banderas de la utopía andina

“(...) la biografía de la utopía andina no está al margen de la lucha de clases.”
“(…) la biografía de la utopía andina ha estado frecuentemente asociada a la historia campesina en el Perú”
(Alberto Flores Galindo. Buscando un Inca)


En 1990 murió Alberto Flores Galindo, uno de los más brillantes intelectuales marxistas que tuvo el Perú. La leyenda y consigna que acompañó su despedida fue: “Bajo las banderas de la utopía andina”. La Utopía Andina fue en su momento la forma ideológica de replantear el debate político e intelectual en el interior de la izquierda peruana, a saber, entre Democracia y Socialismo.     

Históricamente, el debate intelectual y político entre Democracia y Socialismo generó aquella diferencia figurativa de dos grupos de intelectuales de izquierda, a saber, entre Zorros y Libios. Los Zorros, fueron vistos y valorados como moderados por su apuesta por la democracia, apuesta pública que fue expuesta en su revista de referencia arguediana El Zorro de Abajo (de ahí el apelativo); mientras que los Libios fueron vistos como los radicales por su apuesta insistente por el socialismo. Alberto Flores Galindo fue parte de este último grupo.

En sentido estricto los Libios criticaron la derechización gradual que mostraban y justificaban los Zorros. Asimismo, en el plano ideológico y práctico, hubo un tema sobre el que la polémica entre ambos grupos llamó mucho la atención, a saber, la insurgencia armada. Precisamente ese tema es el que en su momento generó dos grandes polémicas: una, entre Nelson Manrique y Sinesio López; y, la otra, entre Alberto Flores Galindo y Carlos Iván Degregori. Por una serie de razones la segunda ha despertado una mayor curiosidad e importancia porque lo que se discutía puso fin a aquella discusión y a la división de los intelectuales entre Libios y Zorros (los Libios terminaron convertidos en Zorros, a excepción de Alberto Flores Galindo; y los Zorros se derechizaron siguiendo el derrotero por el que habían apostado); y sobretodo, se canceló toda polémica en el interior de la izquierda intelectual. Tal vez esa sea una de las razones por las que la izquierda en el Perú se encuentra alejada de toda polémica en su interior. 

Del debate que animó la izquierda intelectual entre Democracia y Socialismo, se pasó al debate entre Democracia y Utopía Andina, situación que para Carlos Iván Degregori (quien participó de ese debate) fue una manera de empobrecer el debate. Lo curioso de tal empobrecimiento es que ahora resulta siendo inexistente cualquier debate en el interior de la izquierda porque si sólo se levanta la bandera de la Democracia, no hay nada que se le oponga, a menos que se piense que se puede abrir un debate entre Democracia y Democracia, como sucede actualmente cuando se adjetiva a la democracia (sea el rótulo que lleve) para convencerse de que hay un cambio posible.

Es conocida y acusada la crisis de la izquierda peruana, ya sea a nivel de organización política o a partir de su producción intelectual. Los intelectuales orgánicos que tenía la izquierda no sólo dejaron de ser orgánicos o envejecieron abrazando una moral derrotista y escéptica (y en algunos casos, cínica), sino que no hubo el recambio generacional necesario porque se canceló todo debate interno que lo anime. Y esa cancelación del debate al interior de la izquierda tiene que ver con lo que pasó en el debate entre Democracia y Utopía Andina.    

La Utopía Andina en su momento fue animada por Alberto Flores Galindo y Manuel Burga, ambos historiadores e intelectuales de izquierda. Empero fue Alberto Flores Galindo quien sostuvo atrevidamente una interpretación polémica sobre la historia de las luchas de liberación en función de la Utopía Andina. Ideológicamente, la Utopía Andina es una manera de entender las raíces históricas desde donde puede brotar el socialismo en el Perú. Mediante la Utopía Andina, el socialismo no resulta siendo algo ajeno al Perú, culturalmente hablando, sino cercano, ya sea en sueños, alegorías o mediante pesadillas.

La apuesta por el socialismo en el Perú no sólo pasaba por asentar una organización política que pudiera llevarla a cabo sino también por encontrar raíces culturales en donde se asiente como condición de posibilidad. Esta vertiente en la reflexión marxista en el Perú ya venía siendo planteada desde José Carlos Mariátegui, el detalle es que no floreció en su momento, ni fue retomada sino hasta Alberto Flores Galindo.

Cuando Alberto Flores Galindo publica Buscando un Inca (1986), libro en el que se encuentra expuesta la Utopía Andina, se le acusó de muchas cosas, entre otras de mesiánico y de pasadista. Lo cierto es que la Utopía Andina desde un punto de vista general es el horizonte cultural por el que transcurre la historia política en el Perú desde abajo, socialmente hablando, en función de las relaciones de dominación; y, analíticamente, expresa la estructuración ideológica de las tensiones en la historia de la lucha de clases en el campo, a saber, las luchas campesinas. El derrotero que describe Flores Galindo sobre las luchas campesinas, en función de la Utopía Andina, fue cuestionado en su momento como parte de una serie de incongruencias que cometió debido a su orientación culturalista y dualista sobre lo andino, tan presente aún en algunos intelectuales que se reclaman o no de izquierda.  

Las críticas sobre lo último vinieron, como no podía ser de otra manera, del sector de los Zorros, a saber, del antropólogo Carlos Iván Degregori. En el ensayo Del mito mariateguista a la utopía andina (1989), Degregori replica una serie de conclusiones sobre lo andino y sobretodo el quid del asunto, la exégesis sobre el derrotero histórico de la insurgencia armada, como parte de la Utopía Andina.  Por eso la crítica a la Utopía Andina se focaliza a la segunda mitad del siglo XX, porque hasta ese periodo histórico todo va bien, los problemas surgen después. La revolución como una inversión del mundo, la focalización de los casos que dan pie a las demás secuencias históricas, la sustitución y la reducción de datos empíricos por la conjetura y la imaginación, la relación entre el economicismo y el voluntarismo, la polarización entre la tradición y la modernidad y demás, son una serie de observaciones que no han tenido replica aún por parte de los Libios. 

Como la insurgencia acabó, muchas ideas que se expusieron en aquel debate dejaron de tener sentido o simplemente ya no llaman la atención. Una respuesta a Degregori la pudo dar Flores, no se dio por la historia ya conocida, Degregori no publicó su crítica porque Flores convalecía de una mortal enfermedad. Hace algunos años falleció Degregori y el texto de esa polémica se ha hecho público. ¿Qué se puede recoger de ese debate?

Recoger ese debate tiene implicancias. No sólo porque se evaluaría la historia del movimiento popular que aún sigue dando la pelea (como en Cajamarca y Tía María, por ejemplo), sino también sobre el rumbo que está tomando. Asimismo, permitiría romper el silencio de oponer a la democracia, la misma democracia, a saber, “cambiar algo para que nada cambie”.

Algo que pasa desapercibido en las reflexiones intelectuales de izquierda es la visión de clase de los mismos intelectuales de izquierda, hecho que uno puede encontrar en muchos de ellos, ya sea en Alberto Flores Galindo o en Degregori. Esto tiene importancia para dejar de lado las  mistificaciones (como la cholificación, lo indígena y demás) y las reflexiones (enfocados por la otredad de “un nosotros diverso”) que elaboran los intelectuales cuando pergeñan algunas ideas sobre lo andino y lo popular. Evidentemente tal observación apunta a un serio cuestionamiento sobre la reproducción ideológica de la izquierda, que actualmente se ve fuertemente influenciada por la ideología liberal en todos sus matices.

La  Utopía Andina básicamente es un acercamiento a lo popular, en función de su historia, su reproducción cultural y sus luchas. Las banderas de la Utopía Andina se encuentran lejos de todo socialismo utópico o mágico, son banderas concretas. En el campo y en la ciudad hay banderas que ya han sido levantadas y merecen una discusión al interior de la izquierda. Al parecer abrir ese debate implica necesariamente levantar las banderas de la Utopía Andina.



Juan Archi Orihuela
Lima, 31 de mayo del 2015. 




lunes, 25 de mayo de 2015

70 años: El día de la victoria

Desde Kursk y Oriol en esta guerra hemos avanzado 
Llegamos hasta la misma puerta del enemigo
Así es camaradas, lo hicimos
Algún día recordaremos esto y no lo creeremos
Pero aún necesitamos una victoria más
¡Una para salvar al pueblo!
¡El precio no nos detiene!
 (Necesitamos una victoria, canto militar del Ejército Rojo de la URSS [1]



[Haga play en la canción Necesitamos una victoria (Нам Нужна Одна Победа) y proceda a leer el artículo]

El pasado 09 de mayo se cumplieron los 70 años del triunfo del Ejército Rojo de la Unión Soviética sobre la Alemania Nazi. El 09 de mayo fue el día de la victoria, el día que posibilitó la paz en el mundo y el fin de la guerra. La hazaña de los soviéticos no tuvo y aún no tiene parangón en la historia militar de la humanidad: La movilización de todo un pueblo multinacional y multicultural en la defensa de la patria, cuyo costo humano fue la pérdida de 20 millones de soviéticos (en su mayoría civiles). La guerra que libraron los soviéticos contra la Alemania Nazi fue una guerra de defensa y de liberación de los pueblos y de la patria que históricamente han llamado La Gran Guerra Patria (1941-1945). En su momento, tal hecho fue reconocido en el mundo. Empero, los festejos por los 70 años de aquel triunfo se circunscribieron sólo a los países que conformaron la URSS, mientras que el resto del mundo quedó en silencio.  Los llamados “aliados” no se hicieron presente en los festejos que se llevaron a cabo en la Plaza Roja de Moscú, ni se pronunciaron al respecto.  

Traducción de la leyenda:
Nuestra Bandera -
 La bandera de la victoria!

Autor: Víctor Ivanov 1943
Ese silencio no es casual y se compagina con el odio que fundamentaba al imperialismo de la Alemania Nazi, a saber, dejar en el olvido de la historia de la humanidad todo lo que represente a la Unión Soviética. Un odio al carácter de clase de su gobierno popular (obrero y campesino), a su bandera roja, a esa histórica bandera que representa la unidad de los trabajadores del mundo (la hoz del campesino y el martillo del obrero) que flameó en el día de la victoria. Ese silencio se compagina con aquel otro que silencia el papel del Ejército Rojo en el rescate de los judíos de los campos de concentración de Auschwitz en Polonia. El papel del Ejército Rojo fue fundamental en la liberación de los pueblos que fueron ocupados y diezmados por el imperialismo alemán como Polonia, Rumania, Bulgaria, Yugoslavia, Noruega, Hungría, Austria y Checoslovaquia. 

Después del fin de la guerra, en el llamado mundo occidental la propaganda anticomunista (macarthista) soslayó el papel fundamental que cumplió el Ejército Rojo en la liberación de los pueblos. Y al parecer tal hecho sigue manteniéndose hasta nuestros días. En la enseñanza de la historia se minimiza el papel del Ejército Rojo de la URSS, por obvias razones ideológicas, así como se reproduce insistentemente, a través de la literatura y sobre todo a través del cine, que el papel de los aliados (Inglaterra, Francia y los EE.UU) fue determinante en la guerra, incluso desde hace muchos años se exagera un llamado día “D” para opacar al frente oriental en el que combatieron los soviéticos, y lugar en el que se decidió el fin de la guerra.     
     
«El Triunfo de la Madre Patria Victoriosa». Pintura de Mijaíl Ivánovich Jmelko (1949) 
En el cuadro se ve al Ejército Rojo arrojando los estandartes nazis ante los pies del mausoleo de Lenin en la Plaza Roja.
Imagen tomada de aquí pulse 
Para ampliar la imagen pulse aquí

Un hecho que también pasa desapercibido es la reproducción ideológica. La propaganda que desplegaron los soviéticos a través de carteles que figuraban la defensa de la patria así como los himnos que entonaban el Ejército Rojo fueron fundamentales, no sólo para acerar la moral del hombre soviético sino también para divulgar al mundo entero sobre el carácter de liberación que cumple el socialismo en bien de la humanidad. Muchos de los carteles no sólo hacían hincapié en el valor de los soldados sino también del valor de las mujeres soviéticas, quienes tuvieron que hacerse cargo de la defensa y la economía del país. Los campos roturados para el trabajo agrícola tuvieron que ser ocupadas por ellas, la industria militar fue posible por el papel que ellas desempeñaron en su interior (ellas fabricaron las municiones y el armamento), así como la movilización de miles de mujeres para realizar grandes zanjas, que comprendían muchos kilómetros, para asegurar la defensa de las ciudades. La movilización de las casi adolescentes voluntarias en el frente de batalla como enfermeras, fue la prueba de fuego de aquellas muchachitas que tenían que cargar con el cuerpo de los heridos que pesaban entre 80 y 90 kilos, mientras que ellas oscilaban entre 45 y 55 kilos de su peso. Asimismo, las guerrillas que brotaban en las fronteras de la patria estaban también compuestas por las hijas del pueblo soviético, que codo a codo junto a los hombres no escatimaron en ofrendar sus vidas en defensa de la patria socialista. 

A continuación véase algunos de esos carteles: 
Traducción de la leyenda:
Un tractor en el campo de cultivo es lo mismo que un tanque en el campo de batalla!


Traducción de la leyenda:
Sólo el país donde los hombres y las mujeres tienen igualdad de derechos va a ganar! 
Mujeres, empezad a trabajar en el lugar de los hombres y haced la línea de combate más fuerte!


Traducción de la leyenda:
Integrate a las brigadas de enfermeras del Frente. 
Un soldado necesita tu ayuda!


Traducción de la leyenda:
Larga vida a las camaradas de armas!


Traducción de la leyenda:
Prometimos a nuestros heroicos maridos forjar sus armas y trabajar día y noche 
para romper un récord para ayudar a la línea del frente!


Traducción de la leyenda:
Todo por la victoria! 
A la primera línea mujeres soviéticas

Por otro lado, el ejército de la Alemania Nazi se preciaba de ser la mejor expresión de los “superhombres” (emulando a la “bestia rubia” de Nietzsche). La supremacía de la raza aria fue insuflada por esa  ideología racista. Orgullosamente los nazis se consideraban superiores al resto del mundo, empero en el día de la victoria su ejército de arios fue vencido por su antípoda, a saber, el Ejército Rojo de Obreros y Campesinos de la Unión Soviética, un ejército popular, multinacional y multicultural, compuesto por todas las nacionalidades que conformaron la URSS como los rusos, ucranianos, lituanos, bielorrusos, moldavos, letones, estones, georgianos, armenios, azerbaidzhanianos, kajazianos, uzbekos, kirguizianos, tadzhikianos, turkmenianos y demás nacionalidades. Tal hecho, culturalmente es muy significativo y frecuentemente pasa desapercibido,  empero es importante recordarlo para echar por tierra toda ideología racista, colonialista y pro-imperialista que justifica la opresión y dominación de los pueblos en función de la supuesta superioridad racial y cultural del occidente burgués y blanco.      

Los nazis pretendieron acabar con la Unión Soviética porque en su momento la URSS representó  la esperanza de los pueblos del mundo y el gran sueño de la humanidad por un mundo mejor. Los nazis fueron vencidos, y posteriormente la Unión Soviética desapareció. Según los liberales estamos en un mundo libre. Orgullosamente tales sujetos reproducen ideológicamente que “a este mundo nadie lo cambia, los sueños por un mundo mejor al mundo capitalista son sólo rezagos de utopías trasnochadas, el único cambio real y posible es la libertad del individuo, es decir, de uno mismo”. Tal ideología liberal en el fondo comulga, a través de su silencio, con el neocolonialismo que ejercen los países capitalistas sobre el resto del mundo. 

Por eso recordar el Día de la victoria sobre el nazismo reafirma la exigencia moral y práctica de que aún “necesitamos una victoria”, tal como cantaba el Ejército Rojo de la URSS en plena guerra liberando a los pueblos del yugo imperialista de los nazis.     

Definitivamente, necesitamos una victoria… 

Traducción de la leyenda:
Adelante!
 La victoria está cerca!


Juan Archi Orihuela
Lunes, 25 de mayo del 2015.

_______________ 

[1] La letra completa del himno que recuerda el Día de la Victoria.  

 Necesitamos una victoria
(Himno de Guerra) 

Aquí las aves ya no cantan
Aquí los árboles ya no crecen
Sólo nosotros, hombro a hombro,
brotamos de esta tierra.

Luces… y vueltas en el planeta
y sobre nuestra tierra, el humo.
Eso significa que necesitamos una victoria más
¡Una para salvar al pueblo!
¡El precio no nos detiene!

¡Esperamos el fuego de la muerte!
¡Y eso no nos da miedo!
¡Las dudas se disipan en la noche cuando avanza…
¡El décimo!
¡Nuestro décimo Batallón!

En el campo de la muerte sólo escuchamos
el grito de las órdenes
Y el cartero se vuelve loco buscando entre nosotros
Salen cohetes rojos
Golpes de metralla que no descansan
Eso significa que necesitamos una victoria más
¡Una para salvar al pueblo!
¡El precio no nos detiene!

¡Esperamos el fuego de la muerte!
¡Y eso no nos da miedo!
¡Las dudas se disipan en la noche cuando avanza…
¡El décimo!
¡Nuestro décimo Batallón!

Desde Kursk y Oriol en esta guerra hemos avanzado 
Llegamos hasta la misma puerta del enemigo
Así es camaradas, lo hicimos
Algún día recordaremos esto y no lo creeremos
Pero aún necesitamos una victoria más
¡Una para salvar al pueblo!
¡El precio no nos detiene!

¡Esperamos el fuego de la muerte!
¡Y eso no nos da miedo!
¡Las dudas se disipan en la noche cuando avanza…
¡El décimo!
¡Nuestro décimo Batallón!  


P.S.

El himno Necesitamos una victoria se sigue interpretando en los tiempos de paz en Rusia así como en los demás países que conformaron la Unión Soviética. A continuación algunas interpretaciones contemporáneas.

En las calles de San Petersburgo, 2011.



En la voz de Elena Vaenga:


Y por los 65 años del Día de la Victoria: