Ensayos, artículos y una serie de escritos de reflexión y de opinión.
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lunes, 1 de octubre de 2018

La Coordinadora Keiko No Va

En la última campaña electoral del 2016 la candidatura de Keiko Fujimori generó una fuerte oposición por un amplio sector de la ciudadanía. Las movilizaciones, la disputa de las ideas (políticas, mediante los piquetes informativos y la discusión a través de las redes sociales) y sobre el sentido común (que es el resultado de percepciones sobre un determinado orden social moralmente aceptado), formaron parte de una contracampaña antifujimorista que estuvo dirigida, organizada y convocada por La Coordinadora Keiko No Va. Actualmente ésta coordinadora política se mantiene con una agenda que le permite tener presencia y participación en la política local. 

Aparentemente se trataría solo de un movimiento de oposición, una suerte de hacer la política desde lo anti, es decir, “estar en contra de”. ¿Se puede hacer política solo desde lo anti? ¿Esta coordinadora forma parte de un movimiento político orgánico o solo es parte de los hechos coyunturales? ¿Es un movimiento sin antecedente alguno? ¿Y por qué aún se mantiene? Veamos.  

Imagen tomada de aquí

1. Historia
La Coordinadora Keiko No Va es el resultado de una serie de momentos y experiencias políticas producto de determinadas coyunturas, en donde el fujimorismo se percibió como una amenaza al orden democrático gubernamental del país.

Entre el 2007 y el 2009, después de la sentencia a Fujimori a 25 años de prisión (2009), que implicaba la etapa de la extradición y el juicio (2007), muchos colectivos y ONGs vinculados a los DDHH crearon una corriente de indignación y oposición contra Fujimori en función de los principios de justicia y dignidad. El activismo fue una característica, mediante plantones, propaganda y vigilias. Entre las organizaciones que participaron de aquel entonces vinculadas a los DDHH se encontraban la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos (CNDDHH), la Coordinadora Contra la Impunidad (CCI), el Comité Malpica y una serie de movimientos y colectivos actualmente desaparecidos como el Movimiento Todas Las Voces (MTLV), Acción Crítica, El Colectivo (conformado por estudiantes y egresados de Bellas Artes), el Movimiento por el Poder Popular (MMP), Integración Estudiantil (IE) y demás.

En el 2009 tras el anuncio de Keiko Fujimori de postular a la presidencia de la república, por un lado; y los sucesivos pedidos de indultar a Fujimori, por otro, generaron y mantuvieron viva la indignación contra el fujimorismo. Esa corriente de indignación y de discusión generó en el interior de las redes sociales la aparición de una serie de plataformas virtuales identificadas bajo el rótulo de No a Keiko (NAK), sus participes fueron identificados como los activistas del NAK; entre los participantes de esas plataformas virtuales, Jota Hurtado es reconocido como uno de los iniciadores de la discusión virtual. En su momento ellos (los de NAK) tenían por objetivo principal incidir políticamente en la ciudadanía, solo desde el espacio virtual, mediante un claro y apasionado discurso antifujimorista en contra de la anunciada candidatura de Keiko Fujimori, a la que percibían como una real amenaza del retorno del fujimorismo.  

En 2011 una vez iniciada la contienda electoral, la oposición al fujimorismo pasa de las redes a la coordinación para sumarse a la movilización bajo la consigna “Fujimori nunca más”. A partir del mes de abril, este movimiento fue liderado por la CNDDHH y una serie de actores políticos como la CCI y diversos activistas que se fueron sumando a lo largo de la campaña. Gabriel Salazar Borja, historiador de profesión, fue el responsable de la campaña que impulsó la CNDDHH. El trabajo que realizó la CNDDHH consistió en coordinar reuniones en su local institucional con diferentes  colectivos y agrupaciones políticas que se sumaban al evento, como la CCI, los activistas del NAK, MTLV, Mujeres Resistencia, el Colectivo La Ruiz, Mujeres Dignidad, IE, Socialismo Justicia y Participación, La Unidad (los tres últimos fueron organizaciones estudiantiles de la UNMSM, solo IE se encuentra actualmente activo) y demás organizaciones. Por aquel entonces el rostro más visible fue el de Rocío Silva Santisteban, como representante de la CNDDHH, empero el trabajo en las redes por parte de los activistas del NAK (que producían materiales visuales antikeiko para su difusión) y el activismo en las calles de los anteriormente mencionados fue medular.

El trabajo del movimiento Fujimori Nunca Más se concentró en la movilización nacional del 26 de mayo bajo el lema “Por justicia y dignidad, Fujimori nunca más”. El modus operandi y la agenda  que enarbolaron los ubicó como un movimiento vinculado a los derechos humanos a pesar de que se levantaron otras consignas y que otros colectivos o agrupaciones políticas intentaron ampliar la agenda.  La CNDDHH no solo coordinaba las reuniones, también proporcionaba gran parte del material de propaganda y lo distribuía a nivel nacional (a través de sus 78 organizaciones), costeaba el alquiler de los equipos de sonido para los eventos y se encargaba de los permisos. Asimismo, cada colectivo u organización política elaboraba su propio material y  lo difundía, mediante piquetes informativos, en diferentes mercados de los barrios de la ciudad de Lima. Como parte de un trabajo amplio, y en muchas ocasiones manteniendo cierta autonomía táctica, el activismo político de muchos estudiantes de las universidades públicas (UNMSM, UNAM, UNFV, UNE) y privadas (Ruiz de Montoya, PUCP) formaron parte de ese movimiento. Una vez concluida la campaña electoral, el movimiento se dispersa, y solo se vuelve a activarse ante la amenaza de un posible indulto a Fujimori a principios del 2012. En lo sucesivo el movimiento termina por disolverse.

Durante la campaña electoral del 2016, hechos como la derogación de la candidatura de César Acuña y la tacha a Julio Guzmán, despertaron la amenaza del retorno del fujimorismo debido a que se estaría despejando el camino  para que el fujimorismo pueda ganar en primera vuelta, a pesar de que las candidaturas de izquierda se encontraban divididas y fraccionadas o que las demás candidaturas representaran el continuismo de derecha. En ese escenario se suman una serie de colectivos y agrupaciones políticas a la Coordinadora Keiko No Va que ya desde el mes de febrero venía trabajando y acumulando fuerzas de oposición al fujimorismo.  Las organizaciones que impulsaron esta coordinadora fueron el Foro Juvenil de Izquierda (FJI) y la CNDDHH, ambos le dieron el soporte político, y también el trabajo político del Movimiento Voz Socialista (MVS) que los acercó a organizaciones sindicales que les permitió ampliar no solo su red sino también su agenda, pasar de los derechos humanos a un cuestionamiento sobre la economía-política que representaba el fujimorismo. Durante la primera vuelta la coordinadora logró la participación de una serie de colectivos y organizaciones sociales y políticas como la CCI, el Frente Amplio, la CGTP, el SUTEP, la Federación de Petroleros, la Federación Textil, la Federación de Trabajadores Telefónicos (FETRATEL), Ágora Popular, IE, FEPUC y demás. Durante la segunda vuelta se sumaron a la coordinadora una serie de partidos, algunos sacados de la carrera electoral como el Frente Amplio, a nivel de juventudes, y Todos por el Perú (liderado por aquel entonces por Julio Guzmán, conocidos como los “jóvenes morados”). Asimismo, la apuesta por el “voto crítico” que  significaba apoyar la candidatura de PPK, generó una serie de discrepancias internas en función de principios vinculados a la izquierda, razón por la cual organizaciones como Ágora Popular e Integración Estudiantil se alejaron de la coordinadora.  

2. Organización y miembros

La Coordinadora Keiko No Va cuenta con dos comisiones de trabajo: La comisión de organización y la comisión de prensa. La comisión de organización es la encargada de la coordinación de todos sus miembros y es ella quien le da el soporte orgánico y la orientación política. Por otro lado, La comisión de prensa es la encargada de todo el contenido y la elaboración de los mensaje políticos que se emplean para sustentar y difundir la propaganda política.

En la comisión de organización destacan los liderazgos de Jorge Rodríguez Ríos, antropólogo, miembro del FJI; Gabriel Salazar Borja, historiador, miembro de la CNDDHH; Sandra De La Cruz, arqueóloga, miembro del FJI; Jorge Bracamonte, historiador, secretario ejecutivo de la CNDDHH; Lorena Chavarri, dirigente de la Federación Textil; Carlos Rodríguez, dirigente de FETRATEL; Carmen Amaro, miembro de la CCI y Bertha Fuentes,  miembro del MVS. Conjuntamente con ellos trabajan las vocerías  estudiantiles, voceros como Miguel Burgos Olavarría (UNMSM), Sebastián De Los Heros (UARM), Belén Elías (PUCP) y Fabio Portocarrero (UNI) y activistas independientes como Alex Quispe.

En la organización de prensa destacaron los activistas del NAK. Pero también el trabajo fue colectivo y amplio, realizado por una serie de colectivos y personajes que se sumaron como Piquete Fotográfico, Colectivo Dignidad (Polo Blanco, representado por Jareth Solís), Las Cholas Audiovisuales, el apoyo de Walter Hupiu (fotógrafo de La República) y Paco Moreno (Diario Uno). Asimismo, como parte del desarrollo de la prensa y difusión, el apoyo de agrupaciones culturales como el Bloque Hip Hop  y movimientos juveniles como la Zona 2 (Villa El Salvador, Villa María del Triunfo y San Juan de Miraflores) y de la Zona 9 (Pueblo Libre, Jesús María, Lince y Breña) fueron complementarios.   

Los espacios de organización de esta coordinadora fueron los locales de la Federación Textil, del FETRATEL, de la CNDDHH y del Foro Salud.

El financiamiento de la coordinadora proviene de dos fuentes, una de ellas es la ayuda económica que le brinda la CNDDHH, la otra es producto de la autogestión de sus miembros, y consiste en realizar colectas durante las asambleas o a través de sus colectivos o agrupaciones políticas de donde provienen o también participan. La administración de esos fondos lo realiza una comisión encargada para la logística.

3. Propuesta política  

Por la naturaleza de la coordinadora que conjuga el espacio juvenil, el sindical y el socio-político (en donde se ubican los movimientos sociales), De acuerdo a sus protagonistas, la Coordinadora Keiko No Va hizo una lectura de la situación política de aquel entonces y evaluó cómo enfrentar la nueva candidatura del fujimorismo. Para eso se vieron en la necesidad de crear un espacio institucional que pueda no solo canalizar el descontento ciudadano contra el fujimorismo, sino también organizar a las demás organizaciones sociales y políticas opuestas al fujimorismo. Para la coordinadora, el discurso de los DDHH se había agotado frente al “nuevo fujimorismo” que insistentemente Steven Levitsky presentaba. Por eso, se tuvo que ampliar la agenda de los DDHH y cuestionar otras ideas fuerzas que sostienen la desigualdad del modelo económico, “entonces enfatizamos la idea de que la candidatura del fujimorismo fue la causante de las desigualdades que generó la aplicación de las políticas de los 90. Y esa candidatura (la de Keiko), iba a dar el poder a un gobierno que seguiría aplicando esa misma política de desigualdad, como por ejemplo, los despidos masivos, la preservación y defensa de la inestabilidad laboral y una serie de hechos y casos productos del modelo económico”, sostiene Jorge Rodríguez.

El objetivo a corto plazo fue evitar el triunfo del fujimorismo en el gobierno. Luego se plantearon no regalar el espacio político a la derecha y enfatizar la idea-fuerza que el triunfo de PPK fue un voto contra Fujimori y además recordarle al nuevo gobierno que hay compromisos pendientes con diferentes sectores de la sociedad civil que apoyaron la candidatura de PPK.

A largo plazo y en función de los hechos, la coordinadora pretende generar un frente social amplio en el que confluyan todas las luchas y disputas sobre el modelo económico y sus consecuencias sociales y políticas en la población en general. Como, por ejemplo, remarcar que la corrupción es parte del modelo neoliberal, debido a que no sólo formó parte de una determinada empresa (El caso Obredecht) sino que al parecer es un mecanismo para mantener el orden económico. Los últimos gobiernos, sostienen los de la coordinadora, que continuaron con el modelo neoliberal no se oponían a las reformas de cambio por cuestiones tecnocráticas sino por cuestiones pecuniarias muy particulares: Corrupción. 

Para lo último, son conscientes de que llegará un momento en que la coordinadora deje de existir, en la medida que el fujimorismo deje de ser una amenaza o formen parte o apoyen a una alternativa diferente de cambio y de una convocatoria amplia. “Si el fujimorismo no fuera una amenaza, este espacio (la coordinadora) habría cumplido su tiempo. Sin embargo, vemos que el fujimorismo sigue siendo una amenaza para el país. El fujimorismo pretende a partir de esta coyuntura, producto del caso Odebrecht, pretende generar una crisis tal en donde ellos puedan llegar al poder o minar de manera directa y grosera al gobierno en función de sus intereses (…) El fujimorismo pretende hacerse del poder corrupto, eso es un peligro y continua siendo una amenaza. Esta coyuntura (la corrupción) no es solo del fujimorismo sino del modelo económico, y ahí vemos un peligro, que la transición democrática al entrar en crisis culmine en una salida política conservadora. Y contra eso estamos peleando ahora”, sostiene Gabriel Salazar.  

4. Situación actual o la tercera fase

La primera fase sería el antecedente que generó a la coordinadora antes del 2016; la segunda fase, el proceso de la campaña para evitar que gane el fujimorismo; y la tercera fase, toda la actividad post electoral en un nuevo escenario y con un nuevo gobierno. Por eso, de acuerdo a la estrategia de la coordinadora se pretende ganar espacios de incidencia en el nuevo gobierno, disputar no sólo mediante movilizaciones sino también mediante el cuestionamiento a las ideas que representa el fujimorismo en el orden económico, es decir, hacer ver que el fujimorismo sigue ejerciendo poder político y que muchas de las medidas del nuevo gobierno son el resultado de una determinada correlación de fuerzas en el que no solo el fujimorismo influye sino que en algunos casos también determina. Por eso, participaron y participan de movilizaciones como “Ni un sol menos”, “La ley universitaria”, la captura del BCR y la actual campaña contra la corrupción.  

Actualmente (*), la Coordinadora No a Keiko, conjuntamente con la CCI, los activistas del NAK, Integración Estudiantil, partidos como Tierra y Libertad y la agrupación Nuevo Perú vienen conformando la Coordinadora Contra la Corrupción, bajo el lema de campaña “Corrupción nunca más”.

Juan Archi Orihuela 
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(*) Este artículo fue publicado originalmente, con algunas modificaciones, en el Semanario Sucesos, marzo del 2017:  http://www.sucesos.pe/nota/33-en-redes-keiko-no-va

miércoles, 5 de agosto de 2015

El socialismo científico en afiches

                                                                                “¡Nacimos para convertir los sueños en realidad!”
                                                                                                                                    (Afiche soviético)

Tras mucho esfuerzo ideológico y político, los liberales han logrado identificar al socialismo del siglo XX con ideas que se han vuelto lugares comunes y que circulan como monedas corrientes como el estatismo, el autoritarismo y el totalitarismo. Incluso ciertos liberales, cual narcisos jactanciosos por verse siempre la cara, no reparan en distinciones, ni matices, ni contextualizaciones, simplemente para ellos el socialismo es una mera ideología funesta que pretende volver al pasado.  

¿Pero cuál pasado? Si el socialismo siempre ha sido una pretensión sobre el futuro. Tal intención se la puede encontrar tanto en el socialismo utópico (Owen, Babeuf, Fourier, Considerant, Blanc, Cabet) así como en el socialismo científico (Marx & Engels). Pensar en la posibilidad de la transformación del mundo en función de la justicia social siempre ha caracterizado y animado a los socialistas. Empero, sólo el socialismo científico ha postulado y defendido ideas como la posibilidad material de abolir la propiedad privada y la desaparición gradual de las clases sociales para acabar con la explotación del hombre por el hombre. Tales pretensiones no tienen nada que ver con el pasado, ni mucho menos con el presente (de explotación laboral para la gran mayoría de los trabajadores de todo tipo), sino con el futuro.

En su vertiente más vulgar, ciertos liberales, o simplemente derechistas, tienden a identificar al socialismo con la pobreza y la carestía cristiana o con la apuesta por una “vida bucólica” precapitalista; incluso son tentados a reproducir y enfatizar, sin saber en realidad de qué va el asunto, que el socialismo es un discurso mítico que le tiene un “horror a la historia” (Mircea Eliade). Las exégesis culturalistas por encontrar en el socialismo una vertiente judaica y milenarista no pasan de ser simples referencias sobredimensionadas de manera tendenciosa, pero no sobre los hechos políticos y culturales que comprenden al socialismo, sino sobre los propios temores de esos exégetas que insistentemente denostan al socialismo. 

El socialismo es una ideología política propia del mundo moderno. La posibilidad de transformar revolucionariamente el mundo fue una consecuencia del avance y del desarrollo de la ciencia. La conquista del mundo de la naturaleza, implicaba la transformación de la sociedad en su conjunto. Por eso el socialismo nace como la posibilidad real de transformar revolucionariamente el mundo a partir de su base material, a saber, el trabajo. El cuestionamiento a las condiciones materiales del trabajo fue el acicate para la crítica filosófica que pergeñó el socialismo. Ideas como “la planificación y la distribución de la riqueza que produce el trabajo humano”, fueron parte de los programas socialistas, asimilados no sólo por ser una exigencia política y coyuntural, sino por ser una exigencia moral y universal. Esa universalidad moral, que en fondo es práctica, generó la exigencia de una organización política para una clase, a saber, la clase obrera. Tal clase dio origen al pujante movimiento obrero internacional. La práctica política del movimiento obrero fue necesaria y eminentemente  clasista, en la medida que pretendió el poder del Estado (“Trabajadores al poder”). Históricamente el socialismo fue la expresión ideológica de la clase obrera, tras una larga tensión con el anarquismo.  

A lo largo del siglo XX, mediante el socialismo científico se logró construir el primer Estado dirigido por la clase obrera en alianza con el campesinado, a saber, el Estado Soviético. La construcción del socialismo fue políticamente planificada y aislada económicamente por el mundo capitalista. Tras los años y el avance pujante del socialismo se conformó un bloque socialista. El bloque socialista se caracterizó por su apuesta hacía el futuro: La conquista del Cosmos a través de la ciencia.  Precisamente a través de la conquista del cosmos se puede identificar algunas de las ideas-fuerza que caracterizan al socialismo científico y que permiten demarcarlo tajantemente de las ideas del socialismo utópico y del liberalismo. 

A continuación véase algunos afiches de los tantos que uno puede encontrar en la web. 

Afiche 1: “¡Nacimos para convertir los sueños en realidad!”. El autor es un tal Viktorov, elaborado el 09 de mayo de 1960. En este afiche se lee una de las consignas más contundentes del socialismo soviético. En el afiche aparece una nave espacial soviética, en cuya base el símbolo distintivo de las clases trabajadoras la sostiene, a saber, la hoz del campesino y el martillo del obrero. La intención es clara, el producto del trabajo de las clases trabajadoras se alza hacia los confines del cosmos convirtiendo en realidad los sueños de la humanidad. Esos sueños que caracterizó a los albores de las antiguas civilizaciones, el saber qué hay más allá de los cielos y las estrellas. Con el socialismo, ya no son los antiguos astrónomos vinculados a la élite del poder que descubren y guardan esos secretos al mirar a los cielos, sino que ahora es el esfuerzo de los trabajadores, de esos millones de hombres y mujeres que trabajan en el campo y en la ciudad quienes hacen posible recorrer y conocer el cosmos.  

Traducción de la leyenda:
¡Nacimos para convertir los sueños en realidad!


Afiche 2: “¡Hacia el cosmos!”. En el afiche se ve a un obrero dando un gran salto hacia el espacio. El mensaje es contundente, con el socialismo la clase obrera es la que conquista el espacio, a saber, son los trabajadores. En el socialismo la figura imponente del obrero se realza en la medida que es él su artífice y su protagonista. Con el socialismo la hazaña de la humanidad tiene rostro de un trabajador acerado por el duro trabajo. 

Traducción de la leyenda:
¡Hacia el cosmos!

Afiche 3: “¡Hacia el sol! ¡Hacia las estrellas!”. Al igual que el anterior se ve a un obrero, pero esta vez es él quien lanza los cohetes que van a recorrer el espacio. Con el socialismo la figura del obrero se representa a partir de su papel protagónico, a saber, es él quien está detrás de la conquista del espacio. En el socialismo el protagonismo de tal gran hazaña se encuentra en las manos de los trabajadores.

Traducción de la leyenda:
¡Hacia el sol! ¡Hacia las estrellas!

Afiche 4: “¡De modelos de estudiantes a modelos de naves espaciales!”. El afiche muestra el papel que cumple la importancia y la enseñanza de la ciencia en el desarrollo de la conquista del espacio. Con el socialismo no solo la educación resulta siendo un derecho universal para el pueblo trabajador, porque es el Estado dirigido por los trabajadores quienes sostienen una educación pública  para sus hijos, sino porque se trazan objetivos claros en función del desarrollo de la ciencia. En el socialismo, la ciencia forma al niño para ser un hombre. Con el socialismo el conocimiento científico deja de ser un conocimiento de élites o de quienes solo pueden costearlo para ser un bien de la humanidad mediante su divulgación y su enseñanza universal.

Traducción de la leyenda:
¡De modelos de estudiantes a modelos de naves espaciales!

Afiche 5: “¡Acelerar el progreso y la técnica es una exigencia!”. El afiche muestra el fundamento del socialismo en la ciencia y la tecnología. El progreso tiene bases materiales. La ciencia asegura la transformación de la sociedad en función de aplicación técnica en la vida de la nueva sociedad que se lanzó a la conquista del espacio. En el socialismo la actividad intelectual es planificada y desarrollada en función del bien de la nueva sociedad y de la humanidad.

Traducción de la leyenda:
¡Acelerar el progreso y la técnica es una exigencia! 

Afiche 6: Sin título. En estos afiches se ve a dos de los protagonistas de la conquista del espacio durante el socialismo soviético, a saber, Yuri Gagarin y Valentina Tereshkova, quienes fueron el primer hombre y la primera mujer en el espacio. El mensaje es claro, en el socialismo la igualdad social entre el hombre y la mujer no sólo es parte de un mero discurso sino que se hace realidad. Las nuevas condiciones materiales y la nueva política educativa permiten una nueva educación y formación en igualdad de condiciones entre el hombre y la mujer. Incluso se estimula la formación científica de la mujer para que junto al hombre logre las mismas hazañas en función del desarrollo de la ciencia y en bien de la humanidad.

Carteles de homenaje a los cosmonautas pioneros Yuri Gagarin y Valentina Tereshkova
Primer hombre y primera mujer en el espacio. 

Afiche 7: “¡Abriremos mundo lejanos!”. En el afiche se muestra a una pareja que representa a la nueva humanidad que mira hacia el espacio expresando una gran confianza en el futuro de la era espacial. Mediante el socialismo se construye el futuro de la humanidad de cara al desafío del descubrimiento del espacio. En el socialismo los trabajadores confían en lo que pueden hacer mediante su trabajo. Trabajo que posibilita el desarrollo de la ciencia y la posibilidad de conocer otros mundos. 

Traducción de la leyenda:
¡Abriremos mundos lejanos!





Juan Archi Orihuela
Lima, 05 de agosto del 2015. 



domingo, 31 de mayo de 2015

Bajo las banderas de la utopía andina

“(...) la biografía de la utopía andina no está al margen de la lucha de clases.”
“(…) la biografía de la utopía andina ha estado frecuentemente asociada a la historia campesina en el Perú”
(Alberto Flores Galindo. Buscando un Inca)


En 1990 murió Alberto Flores Galindo, uno de los más brillantes intelectuales marxistas que tuvo el Perú. La leyenda y consigna que acompañó su despedida fue: “Bajo las banderas de la utopía andina”. La Utopía Andina fue en su momento la forma ideológica de replantear el debate político e intelectual en el interior de la izquierda peruana, a saber, entre Democracia y Socialismo.     

Históricamente, el debate intelectual y político entre Democracia y Socialismo generó aquella diferencia figurativa de dos grupos de intelectuales de izquierda, a saber, entre Zorros y Libios. Los Zorros, fueron vistos y valorados como moderados por su apuesta por la democracia, apuesta pública que fue expuesta en su revista de referencia arguediana El Zorro de Abajo (de ahí el apelativo); mientras que los Libios fueron vistos como los radicales por su apuesta insistente por el socialismo. Alberto Flores Galindo fue parte de este último grupo.

En sentido estricto los Libios criticaron la derechización gradual que mostraban y justificaban los Zorros. Asimismo, en el plano ideológico y práctico, hubo un tema sobre el que la polémica entre ambos grupos llamó mucho la atención, a saber, la insurgencia armada. Precisamente ese tema es el que en su momento generó dos grandes polémicas: una, entre Nelson Manrique y Sinesio López; y, la otra, entre Alberto Flores Galindo y Carlos Iván Degregori. Por una serie de razones la segunda ha despertado una mayor curiosidad e importancia porque lo que se discutía puso fin a aquella discusión y a la división de los intelectuales entre Libios y Zorros (los Libios terminaron convertidos en Zorros, a excepción de Alberto Flores Galindo; y los Zorros se derechizaron siguiendo el derrotero por el que habían apostado); y sobretodo, se canceló toda polémica en el interior de la izquierda intelectual. Tal vez esa sea una de las razones por las que la izquierda en el Perú se encuentra alejada de toda polémica en su interior. 

Del debate que animó la izquierda intelectual entre Democracia y Socialismo, se pasó al debate entre Democracia y Utopía Andina, situación que para Carlos Iván Degregori (quien participó de ese debate) fue una manera de empobrecer el debate. Lo curioso de tal empobrecimiento es que ahora resulta siendo inexistente cualquier debate en el interior de la izquierda porque si sólo se levanta la bandera de la Democracia, no hay nada que se le oponga, a menos que se piense que se puede abrir un debate entre Democracia y Democracia, como sucede actualmente cuando se adjetiva a la democracia (sea el rótulo que lleve) para convencerse de que hay un cambio posible.

Es conocida y acusada la crisis de la izquierda peruana, ya sea a nivel de organización política o a partir de su producción intelectual. Los intelectuales orgánicos que tenía la izquierda no sólo dejaron de ser orgánicos o envejecieron abrazando una moral derrotista y escéptica (y en algunos casos, cínica), sino que no hubo el recambio generacional necesario porque se canceló todo debate interno que lo anime. Y esa cancelación del debate al interior de la izquierda tiene que ver con lo que pasó en el debate entre Democracia y Utopía Andina.    

La Utopía Andina en su momento fue animada por Alberto Flores Galindo y Manuel Burga, ambos historiadores e intelectuales de izquierda. Empero fue Alberto Flores Galindo quien sostuvo atrevidamente una interpretación polémica sobre la historia de las luchas de liberación en función de la Utopía Andina. Ideológicamente, la Utopía Andina es una manera de entender las raíces históricas desde donde puede brotar el socialismo en el Perú. Mediante la Utopía Andina, el socialismo no resulta siendo algo ajeno al Perú, culturalmente hablando, sino cercano, ya sea en sueños, alegorías o mediante pesadillas.

La apuesta por el socialismo en el Perú no sólo pasaba por asentar una organización política que pudiera llevarla a cabo sino también por encontrar raíces culturales en donde se asiente como condición de posibilidad. Esta vertiente en la reflexión marxista en el Perú ya venía siendo planteada desde José Carlos Mariátegui, el detalle es que no floreció en su momento, ni fue retomada sino hasta Alberto Flores Galindo.

Cuando Alberto Flores Galindo publica Buscando un Inca (1986), libro en el que se encuentra expuesta la Utopía Andina, se le acusó de muchas cosas, entre otras de mesiánico y de pasadista. Lo cierto es que la Utopía Andina desde un punto de vista general es el horizonte cultural por el que transcurre la historia política en el Perú desde abajo, socialmente hablando, en función de las relaciones de dominación; y, analíticamente, expresa la estructuración ideológica de las tensiones en la historia de la lucha de clases en el campo, a saber, las luchas campesinas. El derrotero que describe Flores Galindo sobre las luchas campesinas, en función de la Utopía Andina, fue cuestionado en su momento como parte de una serie de incongruencias que cometió debido a su orientación culturalista y dualista sobre lo andino, tan presente aún en algunos intelectuales que se reclaman o no de izquierda.  

Las críticas sobre lo último vinieron, como no podía ser de otra manera, del sector de los Zorros, a saber, del antropólogo Carlos Iván Degregori. En el ensayo Del mito mariateguista a la utopía andina (1989), Degregori replica una serie de conclusiones sobre lo andino y sobretodo el quid del asunto, la exégesis sobre el derrotero histórico de la insurgencia armada, como parte de la Utopía Andina.  Por eso la crítica a la Utopía Andina se focaliza a la segunda mitad del siglo XX, porque hasta ese periodo histórico todo va bien, los problemas surgen después. La revolución como una inversión del mundo, la focalización de los casos que dan pie a las demás secuencias históricas, la sustitución y la reducción de datos empíricos por la conjetura y la imaginación, la relación entre el economicismo y el voluntarismo, la polarización entre la tradición y la modernidad y demás, son una serie de observaciones que no han tenido replica aún por parte de los Libios. 

Como la insurgencia acabó, muchas ideas que se expusieron en aquel debate dejaron de tener sentido o simplemente ya no llaman la atención. Una respuesta a Degregori la pudo dar Flores, no se dio por la historia ya conocida, Degregori no publicó su crítica porque Flores convalecía de una mortal enfermedad. Hace algunos años falleció Degregori y el texto de esa polémica se ha hecho público. ¿Qué se puede recoger de ese debate?

Recoger ese debate tiene implicancias. No sólo porque se evaluaría la historia del movimiento popular que aún sigue dando la pelea (como en Cajamarca y Tía María, por ejemplo), sino también sobre el rumbo que está tomando. Asimismo, permitiría romper el silencio de oponer a la democracia, la misma democracia, a saber, “cambiar algo para que nada cambie”.

Algo que pasa desapercibido en las reflexiones intelectuales de izquierda es la visión de clase de los mismos intelectuales de izquierda, hecho que uno puede encontrar en muchos de ellos, ya sea en Alberto Flores Galindo o en Degregori. Esto tiene importancia para dejar de lado las  mistificaciones (como la cholificación, lo indígena y demás) y las reflexiones (enfocados por la otredad de “un nosotros diverso”) que elaboran los intelectuales cuando pergeñan algunas ideas sobre lo andino y lo popular. Evidentemente tal observación apunta a un serio cuestionamiento sobre la reproducción ideológica de la izquierda, que actualmente se ve fuertemente influenciada por la ideología liberal en todos sus matices.

La  Utopía Andina básicamente es un acercamiento a lo popular, en función de su historia, su reproducción cultural y sus luchas. Las banderas de la Utopía Andina se encuentran lejos de todo socialismo utópico o mágico, son banderas concretas. En el campo y en la ciudad hay banderas que ya han sido levantadas y merecen una discusión al interior de la izquierda. Al parecer abrir ese debate implica necesariamente levantar las banderas de la Utopía Andina.



Juan Archi Orihuela
Lima, 31 de mayo del 2015.